Monday, June 6, 2011

Huele a pizza

El olor de pizza recién horneada se me llegaba desde el Archie’s que quedaba cerca de mí. Ya casi pasaba diez minutos desde mi llegada a Usaquén. Estaba esperando a mis amigos. El plan era encontrarnos al frente de Archie´s, darnos una vuelta en el mercado, y comer almuerzo juntos al final. Siempre llego primero que todos los otros cuando hay un plan, y supongo que es porque los que viven aquí no siempre son tan puntuales. Si una reunión es a las 11:00, llegan a las 12:00, y para decir la verdad, no he podido adaptar. La música producido por un señor venía de su flauta misteriosa que llenaba toda la plaza con una melodía alegre y calmante. En mi lado izquierdo, estaban empezando el mercado de pulgas; lo hacían todos los domingos. Miré hacia la derecha y vi que llegaban Nack junto con una amiga.

Llamé un taxi y fui volando hacia la casa de una amiga. Esperándola, miré mi reloj. Tenía una cita con mis amigos a las once pero ya eran las 11:05. Creo que ya tengo la cultura colombiana dentro de mí. Finalmente apareció mi amiga y se montó en el taxi para irnos juntos. Cuando llegamos, fuimos corriendo hacia el Archie´s de la plaza. Una música ambiental se aumentaba de volumen por cada paso que hacíamos sobre las piedras irregulares. El olor también se cambiaba por cada restaurante que pasábamos. Desde pan, arepas, mazorcas, empanadas, hamburguesas hasta que llegamos a un olor fuerte de pizza y spaghetti. Ahí estaba mi amigo Jae, esperándonos con una sonrisa enorme; él siempre era puntual.

El mercado estaba toteado de personas. Las tiendas se desarrollaban infinitivamente, o al menos se veía así. Caminando hacia lo desconocido, el olor de la pizza se mezcló con otros aromas y desapareció. Mientras caminábamos, mis ojos estaban inquietos y impacientes para ver lo que estaba en la siguiente mesa. Habían artesanías, juguetes, colchones, perfumenes y comida. Decidimos parar en una tienda con perfumenes naturales, lo cuales tenían una deliciosa fragancia. Dejé que la esencia me llenara mis pensamientos, y decidí relajarme.

El mercado de pulgas ya había comenzado. Era imposible ir de una tienda al otro sin chocarse con alguien en el camino. Mientras que mis amigos estaban ocupados probando unas fragancias naturales combustibles, yo me fui a la tienda a lado. Había miles de rompecabezas en 3D y escogí uno para tratar de resolverlo porque se veía muy fácil. Era solamente un nudo de tres objetos metálicos que se tenía que separar. Pero, despues de aproximadamente veinte intentos, logré sacar una. Estresado, decidí irme a una tienda de sombreros y cachuchas. Me llamó mucho la atención uno que era medio café y medio negro. Quería quedarme más, pero me estaban esperando para avanzarnos.

Fue como si había un otro mundo para explorar, y fue más grande que la de abajo. Podía ver tiendas con plantas, relojes, ropa, y mucho más. Compramos unos churros y lo compartimos entre nosotros, y en mi opinion, fue mejor que el churro que comí en Panamá el mes pasado. A Nack le gustó un sombrero pero no sabía si lo quería comprarlo o no. Seguimos viendo todos los exposiciones, hasta que el hambre nos hizo salir para almuerzo. Mientras bajábamos, había unos de esos hombres que movían sólo si le daban monedas, solo que no fue un hombre, fue un extraterrestre. Le damos un moneda y nos llenamos de risa cuando el extraterrestre decidió asustarnos. Después, fuimos a Olivetti’s, donde ordenamos pizza y podiamos converser sobre lo que sea. Para postre, fuimos a una pequeña tienda, donde nuestro grupo separamos: Algunos querían ir a comprar algo, Nack también, pero yo me quedé en la tienda a comer una torta con una amiga. Fue delicioso, con su color café y un sabor no tan dulce.

Después de un largo rato caminando por todo el mercado, decidimos ir devuelta a la plaza para comer almuerzo. Queríamos ir a Olivetti`s, pero algo nos llamó la atención: uno tenía que ser ciego para no darse cuenta de la presencia del monstruo gigantesco a lado de la entrada. Al principio parecía como una estatua inmóvil, pero cuando mi amiga atrevió acercarse, empezó a mover y nos sorprendió con un pito que escondía debajo de su disfraz. Tratamos de entrevistarlo pero sólo nos respondía devuelta en una idioma extraña, inventado por él. Nos rendimos y fuimos al restaurante a comer pizza y pasta. Despues, todos se fueron a una pastelería cercana para terminar el almuerzo con un postre bien rico excepto yo. Tenía que comprar el sombrero que había visto al principio. Salí de la pastelería con uno de mis amigos justo cuando empezó a llover poquito a poquito. Empezamos a correr hacia el mercado hasta que llegamos empapados al vendedor de sombreros. Compré mi sombrero felizmente y nos devolvimos a la pastelería.

Finalmente, nos fuimos devuelta a la casa. Obviamente teníamos dos puntos de vistas diferentes pero notamos algo en común. El dinero no era algo que los vendedores querían tanto. Lo único que les importaban era la felicidad y satisfacción ante sus obras que vendían a la gente.

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