Monday, June 6, 2011

Por un país al alcance de Juan David

Me desperté con la alarma de mi celular. Era un miércoles. Después de salir de la ducha, mi mamá me preparó unos huevos fritos y salchichas para que comiera antes de ir al colegio. Devoré mi desayuno y me fui corriendo abajo por las escaleras de mi apartamento para coger mi ruta porque el ascensor estaba en el piso 12 y yo vivía en el tercero. Me senté en la silla más cercana de la puerta del bus y saqué mi iPod para escuchar música durante mi viaje corto hacia el colegio. Llegué a la escuela y saludé a mis amigos. Ya era hora de ir a clases y tenía Español. Una vida muy normal como de cualquier otro niño en Colombia, pensarían ustedes. Pero ese día, la clase de Español tenía una visita al Hogar Nueva Granada para conocer y hacer una actividad con los niños. Allí es donde conocí a Juan David.
Ese mismo miércoles, Juan David se levantó con la llamada de su mamá. Le gritaba que ya estaba tarde para el colegio. Se levantó inmediatamente y se fue a lavar su cara. Cogió un poquito de cereal de la cocina y salió corriendo de su casa pequeña, esquivando los charcos adentro de la casa que se formó por una gotera de la lluvia de la noche anterior. Oyendo los ladrados de los perros de la calle de vez en cuando, Juan David finalmente llegó a la escuela sin aire por tanto correr. La profesora estaba contando de que unos estudiantes del Colegio Nueva Granada iban a visitar para hacer una actividad juntos. Mientras esperaban la llegada, Juan David jugaba y molestaba con sus amigos de la clase. Después de unos pocos minutos, empezaron a llegar los estudiantes. Juan David se sentó en su asiento y esperaba hasta que uno de los estudiantes llegara a su puesto, hasta que un niño asiático se acercó a su escritorio.
Aprendí mucho a través de la vida de Juan David. Como todos nosotros cuando teníamos siete años, Juan David le gusta ver la televisión. No tiene muchos opciones para escoger un programa preferida porque su televisión sólo tiene tres canales, pero su caricatura favorita es Scooby-Doo. Después de que su papá lo abandonó y se fue a un lugar desconocido en Chile, su mamá tampoco soporta mucho al crecimiento ni la educación de él. Pero, aunque Juan David no vive en una de las mejores condiciones, no es tan diferente que nosotros. Él también tiene sueños y deseos como cualquier otro. Por todo lo que ha pasado durante su vida, su sueño cuando sea grande es ser una policía porque le gustaría capturar a los villanos y parar la injusticia que hay en Colombia. Ustedes creen que hay injusticia en Colombia? Como dice Gabriel García Marquez, Colombia se ve maravilloso por afuera, pero no todo es bonito y espectacular por dentro.
Sabían que Colombia es uno de los países con más abandonos? Sabían que 4.7% de los niños menores de 18 en Colombia son huérfanos y 35.4% no conviven con sus padres? Sabían que 13% de los niños mayores de 5 años en Colombia no tienen educación escolar, y el razón principal es sólo por la falta de soporte de los papás? Y creen que esto es algo que podemos ignorar porque no pasa en el alrededor de nosotros pero la verdad es que en Antioquia, Valle del Cauca y aquí, en Bogotá, es donde más ocurren el abandono. Los estratos 1, 2 y 3 cubren 84,7% de Bogotá. El estrato 6, como la mayoría de nosotros, sólo cubrimos 1,7% de todo Bogotá. Como puede ser que vivimos casi todas nuestras vidas en una ciudad y sólo poder conocer el lado fantástico de 1,7%? Si quieren ver la realidad, deben salir de ese hueco de fantasía y abrir los ojos ante el 84.7% del mundo en que viven y quizás podrían sacar la gente de sus miserias ayudándoles en sus problemas, aunque sean cosas pequeñas.
Como Juan David, también tengo un sueño. Sueño que poco a poco, el 84.7% se vaya cambiando hacia el 1.7% (y viceversa) hasta que un día, toda la pobreza de la realidad actual sea convertido a fantasía y que la realidad del futuro sea todo lo fantástico que hay actualmente del 1.7%. Lo más importante que aprendí de Juan David es que esto sí es posible. Aunque él vive en muy bajos recursos y tiene una vida muy duro e infeliz, me sonreía mientras que pintaba junto conmigo, un dibujo de una policía. Era una señal de felicidad, de valentía, de esperanza. Era la señal de que todo sí es posible de lograr.

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